El fotógrafo miraba sus fotografías sin entender porque aún no encontraba la inspiración que tanto deseaba, no encontraba el proyecto que necesitaba para ser diferente e inigual.
Quiso imitar a otros tantos fotógrafos ya reconocidos, empezó observando sus imágenes, sus tendencias, sus motivaciones. Sin embargo, no encontraba su real anhelo, no encontraba ese algo que lo haría especial. Se fijaba, en las aperturas, velocidades, que tipo de lente, sensibilidad a la luz. Se daba por vencido rápidamente, así que empezó por lo más fácil para hacerse de un nombre. Comenzó sacando fotografías a famosos, como tantos otros fotógrafos de renombre.
Los esperaba en los sectores típicos donde vería pasearse a las estrellas, las seguía, encontraba ingeniosos escondites. Un día siguiendo a un artista muy conocido en el ámbito, corriendo tras ese automóvil que llevaba la imagen que lo llevaría poco a poco a la cima. Tropieza tontamente mientras trataba de enfocar el rostro de su víctima, un camión más atrás lo arrastra violentamente unos metros hacia delante. El aún consciente, con la cámara fuertemente asida entre sus manos, ve el reflejo de una persona que fue en su ayuda, velozmente sin pensarlo, aprieta el obturador varias veces, antes de que su cabeza tocara inconsciente el piso.
Un mes después despierta con la voz de su madre que lo fue a visitar, el sin saber que había pasado, tratando de reincorporarse, abriendo los ojos lentamente, se da cuenta que esta en su habitación, la madre lloraba mucho, el le dice que esta bien, que va a cambiar de idea, algo menos peligroso, que finalmente tiene una idea que ha estado pensando hace un tiempo, que le había llegado la inspiración de forma mágica e inexplicable. La madre se tranquiliza, y le arregla unas flores que le había dejado encima del velador.
Se pone de inmediato a trabajar en su idea, sí, fotografiaría a gente común y corriente, su proyecto se llamaría “gente famosa, común y corriente”. Trataría de retratos de gente no reconocida, pero que en su vida, fuera mucho más importante que cualquier rostro reconocido, era un proyecto ambicioso, como el lo denominaba de manera frecuente.
Empezó recorriendo las calles, tratando de encontrar a alguien digno de sus retratos, que reflejarían a alguien muy importante. Se fijaba en la manera de caminar, del color de sus zapatos, si estaban limpios o no, en los pantalones y faldas, de que tela era, si la confección era nacional o extranjera, en las uñas, de su limpieza, de los anillos, de los relojes, si eran finos o no, las manos desgastadas o sin uso, pasó mucho tiempo deambulando por las calles, siempre con su cámara en mano, pasó tanto tiempo sin encontrar sus famosos rostros, que ya sin mirar a la gente, sin observarlos se daba cuenta de quienes eran, que podía percibir de manera instantánea su maldad. Nadie era digno de sus retratos, hasta que un día, siente la vibración de alguien diferente, toma su cámara fuertemente y obtura varias veces en ese rostro. Por fin encontraba alguien digno de sus fotografías. Retornó a su casa, muy contento, sabía que ya estaba empezando a dar frutos su proyecto.
A medida que avanzaban los días, se le hacía mucho más fácil encontrar esos rostros iluminados, era como si ellos lo buscaran. La cámara era parte de su cuerpo, ya casi no necesitaba enfocar, la profundidad y la luz, ya no eran un problema.
Un día despierta, y se da cuenta de que ya tenía demasiadas fotografías para su proyecto, eran todas perfectas, podría hacer dos libros, pensaba. Cuando empieza a recolectar sus fotografías, y clasificarlas, por estilos, blanco y negro, sepia, color, edades, entre otros. Se da cuenta, que esas fotografías ya las había visto en otro lugar, no recordaba donde ni cuando. Mientras ordena y diagrama sus fotografías le viene un pensamiento que no lo deja tranquilo, comienza a recordar sus fotografías y donde las había visto. Busca rápidamente el diario del día anterior, y encuentra una de sus últimas fotografías. No entendía nada, buscaba respuestas, y lee el artículo de su fotografía, Señora María Isabel Pérez, mujer de 60 años encuentra a su hijo desaparecido después de treinta años.
No lo podía creer, algo estaba pasando, buscó en otros diarios de días anteriores, y comenzaron a aparecer sus imágenes, sus retratos, las historias.
Miguel Abarzúa, se recupera después de diez años en coma, retoma su vida con mucha ilusión.
Juan Pablo Espinoza, viudo, padre de siete hijos, ganador millonario de la lotería.
Y así sucesivamente, iban apareciendo sus retratos de gente que recupera, gana, vive, gente que el denominaba iluminada, porque su lente no necesitaba de luz para inmortalizar esas imágenes, ellos la traían en su interior.
Busca entre los diarios su primera imagen, su primer retrato, era de hace cinco años, “joven fotógrafo muere atropellado”, sigue leyendo, “su última fotografía fue de la persona que le prestó ayuda”. Entonces se da cuenta de la verdad, se da cuenta que su casa no era la misma, sale de ella, y se encuentra en el sector donde deambulan los famosos, en una animita que esta llena de fotografías, de gente que le pide ayuda, y ve esos rostros que el tanto atesoraba para su proyecto. Finalmente lo había comprendido todo, realizó su proyecto, y la tarea que le había sido encomendada, ahora se podía ir tranquilo.
Su madre llegó, como cada mes a colocarle las flores en su lugar, mientras llora amargamente, esta vez, él tomó una última fotografía, ella sonrió por primera vez, se aleja contenta, algo había cambiado.
Quiso imitar a otros tantos fotógrafos ya reconocidos, empezó observando sus imágenes, sus tendencias, sus motivaciones. Sin embargo, no encontraba su real anhelo, no encontraba ese algo que lo haría especial. Se fijaba, en las aperturas, velocidades, que tipo de lente, sensibilidad a la luz. Se daba por vencido rápidamente, así que empezó por lo más fácil para hacerse de un nombre. Comenzó sacando fotografías a famosos, como tantos otros fotógrafos de renombre.
Los esperaba en los sectores típicos donde vería pasearse a las estrellas, las seguía, encontraba ingeniosos escondites. Un día siguiendo a un artista muy conocido en el ámbito, corriendo tras ese automóvil que llevaba la imagen que lo llevaría poco a poco a la cima. Tropieza tontamente mientras trataba de enfocar el rostro de su víctima, un camión más atrás lo arrastra violentamente unos metros hacia delante. El aún consciente, con la cámara fuertemente asida entre sus manos, ve el reflejo de una persona que fue en su ayuda, velozmente sin pensarlo, aprieta el obturador varias veces, antes de que su cabeza tocara inconsciente el piso.
Un mes después despierta con la voz de su madre que lo fue a visitar, el sin saber que había pasado, tratando de reincorporarse, abriendo los ojos lentamente, se da cuenta que esta en su habitación, la madre lloraba mucho, el le dice que esta bien, que va a cambiar de idea, algo menos peligroso, que finalmente tiene una idea que ha estado pensando hace un tiempo, que le había llegado la inspiración de forma mágica e inexplicable. La madre se tranquiliza, y le arregla unas flores que le había dejado encima del velador.
Se pone de inmediato a trabajar en su idea, sí, fotografiaría a gente común y corriente, su proyecto se llamaría “gente famosa, común y corriente”. Trataría de retratos de gente no reconocida, pero que en su vida, fuera mucho más importante que cualquier rostro reconocido, era un proyecto ambicioso, como el lo denominaba de manera frecuente.
Empezó recorriendo las calles, tratando de encontrar a alguien digno de sus retratos, que reflejarían a alguien muy importante. Se fijaba en la manera de caminar, del color de sus zapatos, si estaban limpios o no, en los pantalones y faldas, de que tela era, si la confección era nacional o extranjera, en las uñas, de su limpieza, de los anillos, de los relojes, si eran finos o no, las manos desgastadas o sin uso, pasó mucho tiempo deambulando por las calles, siempre con su cámara en mano, pasó tanto tiempo sin encontrar sus famosos rostros, que ya sin mirar a la gente, sin observarlos se daba cuenta de quienes eran, que podía percibir de manera instantánea su maldad. Nadie era digno de sus retratos, hasta que un día, siente la vibración de alguien diferente, toma su cámara fuertemente y obtura varias veces en ese rostro. Por fin encontraba alguien digno de sus fotografías. Retornó a su casa, muy contento, sabía que ya estaba empezando a dar frutos su proyecto.
A medida que avanzaban los días, se le hacía mucho más fácil encontrar esos rostros iluminados, era como si ellos lo buscaran. La cámara era parte de su cuerpo, ya casi no necesitaba enfocar, la profundidad y la luz, ya no eran un problema.
Un día despierta, y se da cuenta de que ya tenía demasiadas fotografías para su proyecto, eran todas perfectas, podría hacer dos libros, pensaba. Cuando empieza a recolectar sus fotografías, y clasificarlas, por estilos, blanco y negro, sepia, color, edades, entre otros. Se da cuenta, que esas fotografías ya las había visto en otro lugar, no recordaba donde ni cuando. Mientras ordena y diagrama sus fotografías le viene un pensamiento que no lo deja tranquilo, comienza a recordar sus fotografías y donde las había visto. Busca rápidamente el diario del día anterior, y encuentra una de sus últimas fotografías. No entendía nada, buscaba respuestas, y lee el artículo de su fotografía, Señora María Isabel Pérez, mujer de 60 años encuentra a su hijo desaparecido después de treinta años.
No lo podía creer, algo estaba pasando, buscó en otros diarios de días anteriores, y comenzaron a aparecer sus imágenes, sus retratos, las historias.
Miguel Abarzúa, se recupera después de diez años en coma, retoma su vida con mucha ilusión.
Juan Pablo Espinoza, viudo, padre de siete hijos, ganador millonario de la lotería.
Y así sucesivamente, iban apareciendo sus retratos de gente que recupera, gana, vive, gente que el denominaba iluminada, porque su lente no necesitaba de luz para inmortalizar esas imágenes, ellos la traían en su interior.
Busca entre los diarios su primera imagen, su primer retrato, era de hace cinco años, “joven fotógrafo muere atropellado”, sigue leyendo, “su última fotografía fue de la persona que le prestó ayuda”. Entonces se da cuenta de la verdad, se da cuenta que su casa no era la misma, sale de ella, y se encuentra en el sector donde deambulan los famosos, en una animita que esta llena de fotografías, de gente que le pide ayuda, y ve esos rostros que el tanto atesoraba para su proyecto. Finalmente lo había comprendido todo, realizó su proyecto, y la tarea que le había sido encomendada, ahora se podía ir tranquilo.
Su madre llegó, como cada mes a colocarle las flores en su lugar, mientras llora amargamente, esta vez, él tomó una última fotografía, ella sonrió por primera vez, se aleja contenta, algo había cambiado.
Fin
5 comentarios:
Me emocionó el final de la historia, aunque me parece un poco repetida la idea del muerto inconsciente.
Parece más un guión de una película o cortometraje que un cuento. El relato, a mi entender, debe ir más pausado, tomándose un tiempo para explicar cada situación, pero a la vez que sea más conectado entre una idea y otra, que no hayan tantos puntos seguidos y puntos aparte.
De todas maneras, está buena la idea.
Bien Ricardo, bien, me gustó. es cierto que es repetida la idea, pero me parece que hayas puesto de ti en el personaje. Sigue, vas bien.
me encantooo.. filo con la idea repetidaaaa!
bravo!!!
me mantuvo cautiva hasta el fin...
me gusto mucho
sigo leyendo hasta otro dìa,,
quiero quedar con esta sensaciòn de placer..
saludos
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