martes, 7 de septiembre de 2010

Rutina

Todos los días salgo a las ocho de la mañana en punto de mi casa. Siempre me topo con el mismo vecino, cruzamos un par de palabras y nos despedimos. En la calle, camino hacia el metro, diez minutos hasta la entrada, las mismas caras, ya las reconozco. El mismo tipo limpiando la misma esquina de siempre, los semáforos sincronizados a mi paso. Hoy decidí salir diez minutos más tarde.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Escritura Veloz

Siempre tengo un lápiz a mano, a veces las ideas avanzan más rápido de lo que puedo escribir. A veces las alcanzo y las sobrepaso, es cuando pierdo ese encanto... Puntos suspensivos llenan la hoja.
Como torbellinos llenan mi cabeza, escribo a prisa, lo más que puedo, voy perdiendo la gracia exponencialmente y vuelvo al desierto de tinta en el papel. Abro la ventana para tomar aire, impulso. El viento golpea mi cara con su helada mano. De pronto, un recuerdo se entromete en mi escribir, paro... Y le doy unos minutos en silencio para poder recordar su sonrisa. 
La música golpea mis oídos, mientras los autos interrumpen la melodía que retumba en mi cabeza. Pienso rápido cuando las ideas se van arrancando al cielo de santiago, corro hacia la ventana, la cierro y vuelvo a escuchar mis latidos al son de la música. Doy vuelta la hoja... Otra vez, puntos suspensivos...................…………………… ............................................. 
Me detengo, y los aromas me traen recuerdos de mi niñez, el pasto recién cortado nubla los estímulos, el reir de los papás junto a la parrilla, hacen reincorporarme, diez saltamontes en mis piernas. Otra vez… se me chupó el mismo calcetín. 
Siento en mi mano un cosquilleo, me asusto y veo una chinita, abro su carapazón y le arranco sus alas. Ahora no lo haría. La dejaría volar para siempre.
Me levanto, mis zapatos están mas grandes y pesados, mis papás ya no están, unos niños corren hacia mi con cara de malvados y los brazos abiertos, me dicen papá!.. Chutea la pelota!

viernes, 3 de septiembre de 2010

Orfanato

Siempre se sentó en el mismo lugar, se llenó de perfumes de su veinteañera primavera, esperando que alguien le tomara la mano.
No esperaba al más guapo del mundo, sólo la suavidad y el calor de otro ser humano, para compartir su futuro con la calidez de su mano.
Caminaba por las calles, cruzaba los puentes esperando encontrar la horma de su zapato. Así recorrer los parques y secar el pasto, haciendo senderos como arrugas de un bonito pasado.
Se pasó la vida esperando, sus zapatos estaban viejos y su caminar cansado. Ya sola y vieja siempre compraba para invitados, que claro nunca aparecían detrás de su puerta.
Acabó sola y nunca conoció el amor, siendo que siempre lo tuvo a su lado. El compañero de cuarto de ese pequeño orfanato.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Reencuentro

Hace años que no te veía, estabas contenta, tu mirada no había cambiado, tus ojos brillantes llenos de inocencia, me invitaban a devorarlos cada vez que se enfrentaban a los míos. Tantos recuerdos, tantas sonrisas que tiramos al viento y de alguna manera quedaban prendadas, por ejemplo, en la lámpara de la mesita de centro, las palabras que arrojamos no se fueron del todo por la ventana, aún quedaban revoloteando en el aire, y de vez en cuando quedaban aferradas a las cortinas, como telarañas que se estiran y encojen, no me había dado cuenta, hasta ayer. Todavía sigues latiendo fuerte en los pliegues de mis recuerdos, que cada cierto tiempo vuelan dentro y seguimos flotando juntos.
Te tenías que ir, andabas con tu hermana, no quería dejar que lo hicieras, te invité un café, me dijiste llámame, no muy convencida, aún quedaba en ti ese rencor de las lágrimas que te causé. No sabía como poder retenerte, cada intento por hacerlo te alejaban más de mi mirada.
Mientras te despedías me dijiste que tenías el mismo número de teléfono de hace años, me lo repetiste y no lo puedo recordar. Te iba perdiendo de a poco, te ibas disolviendo con el correr de tu auto, igual al mío. La próxima vez empezaré por ahí. Despierto con la sensación de que aún podemos arreglar las cosas.
En el próximo sueño, juro poder recordar tu número de teléfono.