viernes, 20 de agosto de 2010

El Gásfiter

Tenía las manos agrietadas de tanta soldadura y cobre. Es gásfiter, no porque le gustara, alguien le dijo que eso era bueno, cuando tenía apenas quince años, pensó que era algo pasajero, sigue creyéndolo ahora que ya han pasado cincuenta. A él le gustaba el cine, pero no tenía para el ticket. Veía a través de alguna vidriera de las pocas tiendas que tenían algún televisor encendido, a veces le tocaba ir a una casa a destapar baños e instalar artefactos a gas. Eran escasas las que tenían en el estar algún televisor en blanco y negro. Le daban muchas ganas de encenderlo, sentarse y escuchar el sonido de ese televisor a tubos. Sin embargo, estaba en el baño haciendo lo que mejor sabía hacer.
Se dedicó a hacer su trabajo como mejor veían los ángulos sus ojos, a veces cerraba un ojo, para poder ver la belleza del cobre enrojecido, era como unas trompetas sonando, mientras la soldadura cubría y chorreaba el tubo. Hacía juegos de luces con el soplete, afinando los colores de la llama, decía que era para darle un aire más cálido a la habitación, a veces la ponía en colores azules para darle una intención fría a la escena cuando estaba bajo de ánimo, y un rojo fuerte cuando quería pasión en el encuadre del baño manchado. También se preocupaba del sonido, cosas que los demás no notaban, él las convertía en su cabeza en una obra de arte. El sonido de las gotitas cayendo en la ducha, con la cortina semiabierta, la ambientación era lo más importante, se repetía en su cabeza. El ruido de las herramientas sincronizaban perfectamente con el sonido del chisporrotear cansado del agua evaporada. La lija se entrometía de repente entre cada gota que caía, el encendido de un fósforo y el explotar de su pólvora, se encargaban de cortar la música por un segundo, luego volvía la orquesta y sincronizando imágenes y sonidos, ángulos, luz, el clímax se aproxima, apaga el soplete, abre ese viejo maletín de cuero, escogido especialmente para esa escena, guarda lentamente sus herramientas, el sonido va disminuyendo de a poco, junto con el caer cada vez más lento de las gotitas. De pronto cae la última gotita, respira profundo, y grita: Corte!
Es la última escena, el director de foto, el director de arte, los sonidistas y camarógrafos, se acercan a felicitarlo, él con lágrimas en los ojos… terminó su primera película.