viernes, 3 de septiembre de 2010

Orfanato

Siempre se sentó en el mismo lugar, se llenó de perfumes de su veinteañera primavera, esperando que alguien le tomara la mano.
No esperaba al más guapo del mundo, sólo la suavidad y el calor de otro ser humano, para compartir su futuro con la calidez de su mano.
Caminaba por las calles, cruzaba los puentes esperando encontrar la horma de su zapato. Así recorrer los parques y secar el pasto, haciendo senderos como arrugas de un bonito pasado.
Se pasó la vida esperando, sus zapatos estaban viejos y su caminar cansado. Ya sola y vieja siempre compraba para invitados, que claro nunca aparecían detrás de su puerta.
Acabó sola y nunca conoció el amor, siendo que siempre lo tuvo a su lado. El compañero de cuarto de ese pequeño orfanato.

1 comentarios:

E..d..i...t..h__M..a..r..í..a dijo...

Algo así como que a veces el amor está tan cerca pero no lo vemos.

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